Por su carácter histórico, toda cultura requiere que algunas de sus prácticas estén orientadas al mantenimiento, el fortalecimiento y la renovación de sus tradiciones. Por lo tanto, lo que distingue principalmente a las prácticas educativas de otras –como las políticas, las económicas, las religiosas y las familiares-, es que las educativas cumplen la función de preservar y, simultáneamente contribuir a que se modifique el modo de vida de una sociedad.
Es decir que, las prácticas educativas actúan sobre las otras prácticas culturales como permanentes retroalimentadoras de su vigencia.
Lo anterior hace que otro rasgo característico, sea su estrecha vinculación a todos los procesos de aprendizaje y de enseñanza que ocurren en una sociedad que de diversas maneras aportan a la socialización de sus miembros. Por consiguiente, hacen parte de estas prácticas, tanto las institucionalizadas como prácticas escolares, formales y para el trabajo y el desarrollo humano, y las que ocurren en otros ámbitos de la sociedad, de manera menos deliberada, más sutil y asistemática; por ejemplo, en la familia, la política y en los medios masivos de comunicación.
En cuanto a la relación de las prácticas educativas con los procesos de formación, la pregunta clave es ¿Cuándo y de qué manera estas prácticas propician procesos de formación, o si por definición, toda práctica educativa es formativa?
En esta línea de trabajo se desea trabajar, orientados por estas preguntas y muchas otras mas que surjan del camino que recorramos en forma conjunta en la práctica misma...
En esta línea de trabajo se desea trabajar, orientados por estas preguntas y muchas otras mas que surjan del camino que recorramos en forma conjunta en la práctica misma...
Empezemos por recordar algunos momentos de las prácticas residentes
(Alumnos de 4º Año del Profesorado de Psicología)